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ENE
2021

4º Domingo de Tiempo Ordinario



Evangelio según San Marcos 1,21-28

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos entraron en Cafarnaún, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad. Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar: "¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios." Jesús le increpó: "Cállate y sal de él." El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió. Todos se preguntaron estupefactos: "¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen." Su fama se extendió en seguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.

Después de primer anuncio y de la llamada a los primeros discípulos, Marcos muestra que la llegada del Reino de Dios comienza a hacerse realidad a través de la actividad de Jesús.

RELEXIÓN

 El episodio es sorprendente y sobrecogedor. Todo ocurre en la «sinagoga»  y en «sábado»,  el lugar  y el momento en el que se enseña oficialmente la Ley, tal como es interpretada por los maestros autorizados. Es en este marco donde Jesús comienza por vez primera a «enseñar». Nada se dice del contenido de sus palabras. No es eso lo que aquí interesa, sino el impacto que produce su intervención. Jesús provoca asombro y admiración. La gente capta en él algo especial que no encuentra en sus maestros religiosos: Jesús «no enseña como los escribas, sino con autoridad».

Lo van a poder  comprobar enseguida.  De  forma inesperada, un poseído  interrumpe  a  gritos su enseñanza:  «¿Has venido a acabar con nosotros?». Y Jesús cura a aquel enfermo y lo libera del mal que lo ata.

Aunque no sabemos qué le pasaba a aquel hombre, pues entonces toda enfermedad psíquica era atribuida a los demonios, nos interesa destacar la reacción de la gente, que relaciona la enseñanza de Jesús con el poder sobre los espíritus.

Nosotros debemos pensar que nuestra Iglesia, nuestras comunidades cristianas y nosotros mismos debemos tener claro que en el seguimiento de Jesús es preciso “hablar” y “actuar”,  pero siempre para apoyar, ayudar y liberar


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