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ENE
2021

Domingo de la Palabra



El 30 de septiembre de 2019, en la memoria de san Jerónimo, el papa Francisco hacía pública una carta apostólica en la que instituía el III Domingo del Tiempo ordinario como «Domingo de la Palabra de Dios». Es un día dedicado a la celebración, reflexión y divulgación de la Palabra de Dios. Una excelente ocasión para profundizar en la centralidad de la Palabra de Dios en la vida y misión de la Iglesia.

El año pasado, otra vez de la mano de san Jerónimo al cumplirse los 1600 años de su muerte en Belén, el papa Francisco subrayaba en una nueva carta apostólica la herencia que nos ha dejado este gran amante de la Biblia:

«Una estima por la Sagrada Escritura, un amor vivo y suave por la Palabra de Dios escrita». Este Domingo de la Palabra de Dios debe animarnos a sentir el mismo afecto por las Escrituras que tuvo san Jerónimo. Así nos ponemos a la escucha de la Palabra para encontrarnos con Dios y abrirnos a su voluntad.

— Este domingo en el que subrayamos la centralidad de la Palabra de Dios coincide con el Octavario de Oración por la Unidad de los Cristianos. La escucha de la misma Palabra puede ayudarnos a encontrar caminos que nos acerquen cada día más a la unidad añorada y deseada. Comprender que compartimos con el pueblo judío una parte importante de las Sagradas Escrituras nos debe animar a redescubrir nuestras raíces comunes.

— En la primera lectura Jonás recibe una llamada de parte de Dios. El profeta ha de proclamar la destrucción de la ciudad de Nínive. Sus habitantes descubrieron en Jonás y en su proclamación el tiempo oportuno y de gracia de parte de Dios. Su respuesta fue la conversión, abriéndose así a la salvación de Dios.

— El salmo responsorial ofrece una pausa meditativa en la que pedimos al Señor que nos muestre sus caminos, que nos ayude a reconocer su voluntad. Elevamos nuestra oración al Dios de la ternura y del amor para que no recuerde los pecados de sus hijos.

— El tiempo se acaba, dice san Pablo a los cristianos de Corinto. Este kairós, este tiempo de gracia, nos ayuda a tener una nueva perspectiva respecto a la vida que llevamos. Es preciso revisar la propia escala de valores y adecuarla al momento presente.

— El evangelio de Marcos presenta el inicio de la actividad de Jesús en Galilea tras su bautismo y las tentaciones en el desierto, comienzo que quiere ser programático:

En la primera parte del pasaje, Jesús anuncia una buena noticia: el Reino ha irrumpido en la historia. Este mensaje no puede dejar indiferente a quien lo recibe. La reacción que se espera es la conversión y la fe.

La segunda parte del texto relata la llamada de Jesús a los primeros discípulos. Podemos fijarnos en algunos elementos del pasaje:

— Jesús es quien pasa, mira y llama. El seguimiento es siempre una respuesta a la iniciativa que parte de Jesús. El discípulo escucha, responde en obediencia y comienza a seguirlo. Ser discípulo consiste en seguir a Jesús, estar con él y compartir su estilo de vida.

— Jesús escoge a sus primeros discípulos de entre la gente normal y corriente: pescadores, cobradores de impuestos…, no entre expertos de la ley o personas especialmente religiosas.

— La llamada de Jesús transforma en profundidad la vida de las personas. Simón, Andrés, Santiago y Juan pasarán de ser pescadores en el lago de Galilea a ser pescadores de hombres. Son llamados a rescatar del ámbito del pecado y de la muerte a todos los hijos de Dios. El proyecto de vida de los discípulos deja paso al proyecto salvador de Dios.

— Ser discípulo de Jesús implica disponibilidad total, desprendimiento y renuncia. Los cuatro primeros discípulos dejan atrás su modo de ganarse la vida, sus familias, su tierra… para seguir a Jesús. La aparición del horizonte del Reino exige poner en un segundo plano todo lo demás.

— La invitación de Jesús a seguirlo es imperiosa y urgente. No cabe demorarse. Exige una decisión inmediata, como la de las dos parejas de hermanos. Es una llamada irresistible.

— La llamada a los discípulos en este pasaje, como más adelante el envío, se realiza de dos en dos. La vocación cristiana es siempre una “con-vocación”. Jesús llama para formar una familia con él. La fraternidad que se experimenta en la comunidad cristiana hace creíble el anuncio del reino de Dios.


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