30
AGO
2020

Domingo XXII de Tiempo Ordinario



CRUZ CAMPOS MARISCAL

¡¡¡¡FELIZ DIA DEL SEÑOR!!!! Mateo 16, 21-27El domingo pasado escuchamos decir a Jesús: “Bienaventurado Simón… Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, te daré las llaves… , lo que ates en la tierra quedará desatado en el cielo….” Hoy en cambio escuchamos palabras muy duras: “¡Quítate de mi vista, Satanás!” Eres para mí piedra de tropiezo… Piensas como los hombres, no como Dios”.

La verdad es que Simón Pedro piensa con toda lógica. ¿Cómo va a sufrir el Hijo de Dios?, ¿cómo el Mesías que viene a liberar a Israel va a padecer y va a ser ejecutado? Eso sería una locura.

Pero así es ¡la locura de Dios! Para vencer la muerte hay que pasar por ella, para superar el pecado hay que ser obediente hasta el final, y para manifestar el amor de Dios hay que amar hasta el límite: dar la vida. Y esa era la misión de Jesús. Simón Pedro es un tentador peligroso para los planes de Jesús pues lo quiere apartar de su misión. Y quien quiera seguir a Jesús tendrá que andar por el mismo camino que él y tomar su cruz siguiéndolo a él.

La cruz no es cualquier sufrimiento o contratiempo en la vida. La cruz es propiamente el sufrimiento por y para seguir a Jesús. La cruz es el instrumento de tortura en el que ejecutaron a Jesús: por ser quien era, decir lo que decía y hacer lo que hacía. Y todo el que quiera seguir a Jesús tendrá que pasar por el sufrimiento y la persecución. Hacer el bien trae consigo humillación y sufrimiento: realizar honestamente el trabajo de cada día, cumplir las obligaciones morales, tender la mano al necesitado, amar al prójimo, dar testimonio de la fe en Jesús, defender en su nombre al que es atropellado y humillado, etc. En resumen: obedecer a Dios de verdad, amar a los hombres al modo de Jesús trae consigo sufrimiento y en muchos casos rechazo y persecución.

Los sufrimientos que trae consigo la vida unos se deben a nuestra condición de criaturas (enfermedad, muerte de un ser querido), a la maldad de los otros (el daño que nos hacen) o a nuestra propia maldad (rencor, avaricia, soberbia, etc.) Por extensión, también estos sufrimientos podemos vivirlos sabiendo que Dios quiere estar de nuestra parte, solicitando su ayuda y su consuelo, y deseando cumplir su voluntad.

Cuando ponemos por delante de todo el amor a demás y el deseo de obedecer a Dios se cumple eso de “el que pierda su vida por mí la encontrará”. Y no una vida cualquiera, sino ¡la Vida Eterna!

¡FELIZ DOMINGO!


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