04
OCT
2020

Domingo XXVII de Tiempo Ordinario



        En la primera lectura y en el salmo leemos la alegoría de la vid con un sentido muy claro: el dueño representa a Dios; Israel es la viña que él cuida. Sin embargo en el evangelio el sentido de la alegoría cambia: el dueño de la viña sigue siendo Dios, pero Israel, y en especial sus dirigentes, son los labradores; la viña es aquí el Reino entregado por Dios a aquellos labradores.

        Con el transcurso del tiempo, el dueño envió a sus criados, a los profetas, a recoger el fruto y fueron maltratados por los labradores. Finalmente, manifestando una infinita paciencia, envió a su hijo, Jesús, quien también sería asesinado por aquellos labradores.

        Con la cita del salmo,  Jesús  aclara que él es “la piedra” desechada  por los “constructores” judíos y convertida en piedra angular del Reino;  como  aquéllos  no  supieron  reconocer  “la piedra”, el Reino se entregará a un nuevo pueblo que reconocerá en Jesús  a  su  piedra  angular y que dará los frutos propios del Reino.

         Les envió a su hijo… ¿Reconoces en el envío de Jesús la paciencia y el amor del Padre?, ¿te parece sorprendente la forma de actuar de Dios?

        La piedra que desecharon… ¿Reconoces a Jesús como la piedra angular de tu vida?

        Arrendará a otros… que el entreguen los frutos… ¿Reconoces la justicia  y la solidaridad como frutos del Reino?,  ¿y la fe, esperanza y caridad? Enumera otros frutos y examina si tú “los entregas a su tiempo”

FELIZ DIA DEL SEÑOR.


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