10
ENE
2021

Fiesta del Bautismo del Señor



EMILIO DE LA FUENTE

Este domingo hace de quicio entre la Navidad y el Tiempo Ordinario. Damos un salto en la contemplación de Jesús: ahora ya no es el misterio de un niño pequeño el que nos reclama la atención sino el hecho del bautismo de Jesús que describe el evangelista Marcos con maestría. 

Marcos presenta una escena tremenda: por un lado al Bautista que está bautizando junto al Jordán con un bautismo de conversión, es decir, un signo que mostraba públicamente que quienes se acercaban a recibirlo se confesaban públicamente pecadores y necesitados de cambio. Las palabras de Juan indican que detrás de él, es decir, un discípulo suyo es más grande que él y trae un bautismo nuevo que se caracteriza por ser hecho con Espíritu Santo. 

A continuación se presenta en esa escena descrita, por otro lado, un tal Jesús que viene de Nazaret y del que poco más sabemos. Y éste se coloca, como uno más, en la fila de quienes están reconociendo su condición de necesitados de Dios y de su perdón. Esta escena escandalizó tremendamente a los primeros cristianos que trataron de explicar de mil modos el hecho de que Jesús se colocara en la fila de los pecadores. Pero no es menos escandaloso que Jesús fuera crucificado entre malhechores y, como dice el salmo, fuera contado entre los pecadores. Jesús ha venido de parte de Dios a salvar lo que estaba perdido y para ello se ha solidarizado, se ha acercado a esa situación, se ha remangado y se ha metido hasta el fondo para sacarnos de ahí. Pues bien, es precisamente en este momento en que Jesús es contado entre los pecadores donde resuenan las palabras de Dios con más fuerza: "Tú eres mi Hijo Amado, mi predilecto". Padre, Hijo y Espíritu Santo aparecen en esta escena. Éste es el gran secreto de Jesús y de toda su vida, ésta es la experiencia que marcó profundamente todo el ministerio de Jesús: se sintió movido por la fuerza de Dios, por su Espíritu, y por el amor del Padre para hacer su voluntad. San Pedro, en el libro de los Hechos hoy, describe muy bien este secreto: Jesús ungido por el Espíritu pasó haciendo el bien y luchando contra el mal, porque Dios estaba con él.

De esta escena tan bien descrita y que dice tanto con tan pocas palabras, podemos sacar un par de puntos para que esta semana reflexionemos un poco sobre nuestra condición de bautizados.  

+ El bautizado, en primer lugar, está llamado a vivir esta experiencia profunda, única de sentirse hijo de Dios. Nosotros hemos recibido el bautismo de Jesús, el del Espíritu. El Espíritu es el que nos hace realmente hijos, es el que nos habita y nos empuja a poder llamar a Dios Padre. A veces nos hemos quedado en el hecho de que el bautismo borra el pecado original y poco más. Y hemos dejado de descubrir el gran regalo que es poder pasar por la vida sabiéndonos amados, queridos, acompañados. El creyente nunca se puede sentir solo ni huérfano, porque tiene un Padre con entrañas de Madre que lo ama con locura, hasta el extremo, sin reservas. Esta es la verdadera experiencia cristiana. Sólo de aquí puede brotar un comportamiento propio de hijos de Dios que buscan hacer la voluntad de su padre. 

+ El bautizado, como Jesús, ungido por el Espíritu y consciente de que Dios está siempre a su lado, pasa por la vida haciendo el bien y luchando contra el mal y contra todas sus manifestaciones y causas: injusticias... 

Que este domingo y toda nuestra vida sea un canto agradecido al amor de Dios que nos ha hecho sus hijos en el Hijo. Recordemos con agradecimiento a los que nos han dado la vida y nos bautizaron en su día. 

Feliz domingo a todos!!!! 


Aviso Legal - RGPD

Página web desarrollada con el sistema de Ecclesiared