19
JUL
2020

REFLEXIÓN DE LA PALABRA DEL SEÑOR.



CRUZ CAMPOS MARISCAL

¡¡¡¡FELIZ DIA DEL SEÑOR!!!! Mateo 13, 24-43

Cuando éramos niños nos enseñaron que “Dios premia a los buenos y castiga a los malos”. Y así nos animaban a ser buenos. Pero esa era una verdad a medias porque si leemos despacio la parábola del trigo y la cizaña nos damos cuenta de que Dios premia a los buenos y castiga a los malos sólo al final del tiempo. Mientras tanto, tiene paciencia y no quiere que nadie arranque la cizaña, o sea, rechace, extirpe, o acabe con los malos. Dios quiere que en este mundo trigo y cizaña crezcan juntos. ¡Y menos mal! Porque ¿quién de nosotros es sólo trigo limpio? ¿No ocurre que todos somos un poco trigo y algo de cizaña?

Normalmente nos atribuimos el derecho a ser jueces del bien y el mal, con capacidad de extirpar el mal de raíz. ¿Con qué derecho? ¿Acaso somos infalibles para determinar quién es bueno y quién es malo? Eso se llama fanatismo y es muy peligroso. Y todos los fanáticos coinciden en que juzgan a los otros, los condenan, los quieren cambiar o quieren eliminarlos.

Frente al fanatismo, está la tolerancia. Pero también hay que tener cuidado porque muchas veces confundimos la tolerancia con el “todo vale”, o lo mismo da ocho que ochenta. Eso no es tolerancia, es pasotismo, o relativismo, y lleva consigo desentenderse de la verdad.

No es lo mismo ser trigo que cizaña; no es lo mismo hacer el bien que el mal, no da igual construir el Reinado de Dios que favorecer al Maligno.

Lo que enseña la parábola es que Dios es paciente y misericordioso, quiere que crezcan juntos el trigo y la cizaña, los ciudadanos del Reino y los partidarios del Maligno, y que Dios da la oportunidad para que “los malos” recapacitemos y cambiemos y podamos llegar a dar frutos buenos.

Quede claro que el que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre, Jesucristo. El demonio siembra la mala semilla, la cizaña. Y el final no es el mismo: unos irán al horno encendido y otros brillarán en el Reino de Dios.

La pregunta tremenda es “y yo, ¿qué soy, trigo o cizaña?” No estaría mal dejar de juzgar a otros, dejar de rechazar, dejar de querer arreglar el mundo condenando y “arrancando a otros” y ponernos a la tarea de eliminar lo malo en nosotros para llegar a ser sólo trigo limpio.

¡FELIZ DOMINGO!


Aviso Legal - RGPD

Página web desarrollada con el sistema de Ecclesiared