22
NOV
2020

Solemnidad de Cristo Rey



Cruz Campos Mariscal

¡¡¡¡FELIZ DIA DEL SEÑOR!!!! Mateo 25, 31-46

Fiesta de Cristo Rey: ¡¡¡Jesucristo, rey del universo!!!

No tiene nada que ver con un poder que se impone y somete a las personas a la fuerza, ni tiene que ver con boato y riquezas. El profeta Ezequiel lo describe como un pastor: “«Yo mismo buscaré mi rebaño y lo cuidaré... Buscaré la oveja perdida, recogeré a la descarriada; vendaré a las heridas; fortaleceré a la enferma; pero a la que está fuerte y robusta la guardaré: la apacentaré con justicia». Y es que lo propio del rey (así lo entendían los antiguos en Israel) es cuidar de los que más lo necesitan, hacerles justicia, aliviar sus penurias.

El poder de Jesucristo-Rey no es para someter a la fuerza a las personas, pero es auténtico poder: el más grande de los poderes porque “Cristo resucitó de entre los muertos y es primicia de los que han muerto… en Cristo todos serán vivificados… primero Cristo, como primicia; después todos los que son de Cristo, en su venida; después el final, cuando Cristo entregue el reino a Dios Padre, cuando haya aniquilado todo principado, poder y fuerza.

Cristo tiene que reinar hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies. El último enemigo en ser destruido será la muerte”.

Y ¿podremos nosotros participar de ese poder sobre la muerte? De eso se trata; de poder un día escuchar el veredicto: “Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme”.

Para participar del Reino de Dios no se pide otra cosa que dar de comer al hambriento, … dar posada al forastero, vestir al desnudo, etc. Amar, pero en concreto. Porque no se puede amar en general, o en abstracto.

En la evaluación final de nuestra vida no se nos preguntará si hemos rezamos mucho, si hemos asistido a muchas celebraciones, ni si somos devotos de algún santo, ni siquiera si tenemos fe. Todo esto es necesario para ser capaces de amar a los demás.

Pero si nos fijamos bien, ni siquiera nos va a preguntar si hemos amado, sino si hemos dado de comer o de beber, si hemos vestido al desnudo, hospedado al forastero, o si hemos visitado al enfermo o al que está en la cárcel. Al grano: hacer algo en favor de un necesitado, que en realidad es el mismo Cristo.

Y no valen disculpas o prejuicios. Lo que hacemos a esos, se lo hacemos al Señor. El es el único Rey, el Rey de Reyes que pondrá a cada uno en su sitio. Preparemos el examen.

¡¡¡¡FELIZ DOMINGO!!!!


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