07
DIC
2019

Vigilia de la Inmaculada



Bienvenidos todos, en esta víspera de la Inmaculada Concepción, a esta celebración. Estamos, con las yemas de nuestros dedos, tocando el Misterio de la Navidad. ¡Dios se hará hombre! Y, además, ha elegido, las entrañas de una mujer –María- para llegarse hasta nosotros. ¿Puede hacer algo más Aquel que es Dios? No podemos separar la figura de la Virgen de todo lo que vamos a celebrar en los próximos días.

María, si fue grande, es porque estuvo al lado del que fue GRANDE: al lado de Dios.

María, si fue pura, es porque –en su interior- no estuvo sino Aquel que fue razón de su ser y de su existir: Cristo.

Maria, si fue Inmaculada, es porque Dios la quiso sólo para El. Entre millones de flores, el Señor, escogió a María. Entre miles de posibilidades, Dios, se fijó en María. Y, Ella, sólo pronunció una palabra: “SI”.

Hoy, no puede ser de otra manera, estamos jubilosos, alegres. La Solemnidad de la Inmaculada Concepción es un anticipo de lo que vamos a celebrar en la Navidad. El “SI” de María, traerá un Niño en la noche oscura y fría. El “SI” de María, hará descender el Amor de Dios hasta nosotros. El “SI” de María nos llevará a ver, por fin, el rostro de Dios en la tierra.

Celebremos en esta noche a la que es morada de Dios. Cantemos, en esta noche, a la que proclamó a  los cuatro vientos la gloria del Señor. Preparémonos, con Ella,  la próxima Navidad. Al fin y al cabo, María, es un camino por el cual podemos descubrir el tesoro de Belén: JESUCRISTO.


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