24
JUN
2022

13ª Domingo de Tiempo Ordinario



Jesús camina hacia Jerusalén, lugar donde cumplirá su anunciado destino de pasión, muerte y resurrección, y encuentra el rechazo de una aldea de samaritanos; ante ese hecho, Santiago y Juan tratan de que Jesús provoque un castigo divino contra ellos, como hizo en su tiempo el profeta Elías;  pero Jesús  desaprueba  tales métodos y renuncia a un mesianismo que utilice el poder de Dios para imponerse por la fuerza. Y quien quiera seguirle habrá de renunciar a la violencia y a la venganza para asumir su propio estilo de vida.

       Eso es lo que Jesús pide a tres "aspirantes" a discípulo. Al primero, que se ofrece a seguirle sin condiciones, le advierte de que no puede garantizarle ninguna seguridad.

Al segundo, que pone una condición a la llamada en forma de prórroga,  le dice que  la respuesta  no se puede retrasar, ni siquiera para atender el deber sagrado de cuidar al padre hasta que muera.

 Al tercero, que pide "despedirse de su familia" como Eliseo pidió a Elías (1ª lectura), le pide la ruptura total con el pasado y una disponibilidad total a la causa del Reino, por encima de los vínculos familiares.

Estas exigencias, que podrían parecer  inhumanas,  se han de entender como una condición necesaria para llevar a cabo una misión que no  admite retrasos.  La llegada  del Reino  es  considerada como inminente y por eso ha de ser anunciada con urgencia, sin anteponer a esta tarea ninguna otra obligación.


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