En el capítulo 13 del evangelio de Mateo que empezamos a leer hoy encontramos siete parábolas en las que explica que el Reino de los cielos se hace presente en las palabras y en los milagros de Jesús. Hoy leemos la primera de ellas, la parábola del sembrador.
En este pasaje evangélico podemos distinguir tres momentos: el primero es la parábola del sembrador propiamente dicha, que tiene su centro en la semilla que produce una cosecha desmesurada; con ella Jesús quiere hacer frente a los problemas de la evangelización e infundir ánimo a los discípulos para que confíen en la fuerza del Reino de Dios.
En un segundo momento hace Jesús un inciso para aclarar que la función de las parábolas es mostrar la acogida o rechazo de la persona de Jesús y de su mensaje.
En el tercer momento Jesús hace una nueva lectura de la parábola, poniendo el acento no en la gran cosecha final, sino en los diversos terrenos donde se siembra el mensaje, es decir, las diversas actitudes con que se acoge el anuncio del Evangelio. La parábola mantiene su invitación al ánimo para los misioneros que, anunciando el Evangelio, se encuentran con diferentes respuestas. Y, por otra parte, se convierte en una seria exhortación a los cristianos, para que la acogida del Evangelio no sea ahogada por las dificultades y pueda dar fruto abundante.
“Sed prudentes y sencillos” es el lema de la Jornada de responsabilidad en el tráfico que se celebra coincidiendo con fechas de grandes desplazamientos por las vacaciones de verano. Además, la Jornada se celebra en torno a la festividad de San Cristóbal, patrono de los conductores y transportistas, el 10 de julio.
Con el lema “sed prudentes y sencillos” (Mt 10,16) invitan a la conducción con “discernimiento, conciencia y respeto por la vida”, poniendo énfasis en la responsabilidad hacia la vida del prójimo y animan a los conductores a vivir los viajes como “un encuentro con el prójimo y con la vida que Dios nos confía”.
La prudencia en la conducción se presenta como virtud que evita accidentes y ayuda a tomar decisiones correctas al volante: “El prudente ve el mal y se protege, los incautos se arriesgan para su mal” (Prov 22, 3). La seguridad vial es “un acto de amor al prójimo” y un compromiso ético.
La sencillez llama a la conducción con humildad y respeto, “en la carretera, esto se traduce en paciencia ante otros conductores, cortesía ante situaciones difíciles y disposición a ceder el paso cuando sea necesario”. Los obispos llaman al respeto en la conducción como prueba del mandamiento central del Evangelio: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt 22, 39).
Finalmente, proponen el Salmo 121, “Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio? El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra”, como oración para aquellos que inician un viaje como recordatorio del cuidado de Dios y la llamada a “cuidar también de los demás”. Así, “cada maniobra, cada decisión tomada con prudencia, puede ser un testimonio de vuestra fe en el Dios de la vida y de nuestro compromiso con el respeto a la vida de los demás”.