La parábola de la cizaña narra una escena de la vida cotidiana que podría resultar familiar a la gente que rodeaba a Jesús: un campo de trigo, con cizaña. Ante esa realidad los labradores proponen arrancar la mala hierba, pero el amo responde, sorprendentemente, que no, pues también se podría arrancar el trigo.
Al aplicar la parábola al Reino de Dios comprobamos que a la lógica humana se contrapone la lógica divina, personificada en la paciencia y prudencia del patrón. La paciencia divina puede hacer el milagro de que lo que parecía cizaña se revele, mediante la conversión, finalmente como trigo. También nos enseña que nadie tiene el derecho de ponerse en el lugar de Dios, para juzgar y separar el bien del mal. Sólo el tiempo pondrá las cosas en su lugar. Al final, cuando llegue el juicio divino (“la siega”), cada cual habrá dado su fruto y podrán separarse sin posibilidad de error.
Las parábolas del grano de mostaza y de la levadura quieren poner de relieve el contraste entre la situación inicial y el resultado final; así, frente a los que aguardaban manifestaciones espectaculares de Dios en la historia, invitan a reconocer la presencia del Reino en la actividad humilde y poco vistosa de Jesús y sus discípulos.
ALBERGUE DE TRANSEÚNTES
Todos los días de 18,30 a 19,00: en el despacho de caritas.
REPARTO DE ALIMENTOS PARA FAMILIAS
Los primeros jueves de cada mes.
De lunes a viernes: De 18,00 h a 20,00 h.
