18
JUL
2026

16º Domingo de Tiempo Ordinario



           La parábola de la cizaña narra una escena de la vida cotidiana que podría resultar  familiar a la gente que rodeaba a Jesús: un campo de trigo, con cizaña. Ante esa realidad los labradores proponen arrancar la mala hierba, pero el amo responde, sorprendentemente, que no, pues también se podría arrancar el trigo.

           Al  aplicar la parábola al Reino de Dios comprobamos que a la lógica  humana  se  contrapone  la  lógica  divina,  personificada  en  la paciencia  y  prudencia del patrón.  La paciencia  divina puede hacer el milagro de que lo que parecía cizaña se revele, mediante la conversión, finalmente como trigo. También nos enseña que nadie tiene el derecho de ponerse en el lugar de Dios, para juzgar y separar el bien del mal. Sólo el tiempo pondrá las cosas en su lugar. Al final, cuando llegue el juicio divino (“la siega”), cada cual habrá dado su fruto y podrán separarse sin posibilidad de error.

    Las parábolas del grano de mostaza y de la levadura quieren poner de relieve el contraste entre la situación inicial y el resultado final; así, frente a los que aguardaban manifestaciones espectaculares de Dios en la historia, invitan a reconocer la presencia del Reino en la actividad humilde y poco vistosa de Jesús y sus discípulos.


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