10
ABR
2021

2º Domingo de Pascua.



En Este  pasaje  evangélico encontramos dos escenas. La primera sucede el mismo día de la Pascua y narra la aparición de Jesús resucitado a un grupo de discípulos; de este modo el Señor cumple su promesa de volver junto a ellos y, con el don del Espíritu, los envía a continuar la misión que él mismo había recibido del Padre.

 

La segunda escena, que tiene lugar al domingo siguiente, narra la aparición a Tomás; este discípulo no estaba presente en la primera aparición y tampoco había acogido el testimonio de sus compañeros; él exige pruebas palpables (“si no meto mis dedos…”) y lo que necesita, sin embargo, es el encuentro con el Resucitado en medio de la comunidad reunida. Allí profesa su fe y se postra en adoración. “Señor mío y Dios mío”.

 

Al final de este pasaje, que constituye el final original del cuarto evangelio, su autor nos explica la finalidad de su escrito: “para que creáis”. No ha pretendido escribir una biografía detallada de Jesús; su intención es fortalecer la fe de sus lectores mostrando el sentido profundo de los “signos” por él realizados.

 

Ojalá que también nosotros, al leer estas cosas, nos sintamos confirmados en lo que creemos y podamos experimentar en nuestras vidas la presencia viva y dinámica del Resucitado.

 


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