21
MAY
2022

6º Domingo de Pascua



La liturgia nos presenta otro fragmento de los discursos de despedida de Jesús, en el que vuelve a hablarnos del amor. Si el domingo pasado Jesús se refería al "mandamiento nuevo" como distintivo del discípulo, ahora habla del amor como fundamento de la comunión de vida con Dios.

       Esa comunión de amor tiene su fundamento en la fidelidad a la palabra de Jesús:  quien guarda su palabra se convierte, no sólo en el futuro, sino ya desde ahora, en morada de la divinidad, en templo permanente de Dios. 

       Pero, ¿qué sucederá cuando no esté Jesús?, ¿quién recordará y explicará sus  palabras?  Esa  labor la realizará  el Espíritu  Santo,   el  Defensor de los creyentes, prometido por Jesús, que enviará el Padre en nombre de Jesús.

       A la promesa  del Espíritu Jesús  añade la  entrega  de su paz: en un contexto de amenazas externas, tanto de judíos como de paganos, y de divisiones internas, Jesús pide a los suyos que superen el miedo y se mantengan fieles, y le promete la paz;  lejos de ser   la mera  ausencia  de conflictos, la paz (el shalom) implica salud, prosperidad, plenitud; es un don que, según el Antiguo Testamento, se nos dará en los "últimos tiempos", por medio del Mesías, el príncipe de la paz.

       Estas promesas de Jesús tuvieron su cumplimiento tras la Resurrección de Jesús y siguen siendo una realidad entre nosotros y en nuestras comunidades.


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