22
JUL
2022

Domingo 17 del Tiempo Ordinario



Nos encontramos con un pasaje estructurado en tres partes: un modelo de oración,  una pequeña  parábola  y unas palabras sobre la confianza total del discípulo.

       Jesús inicia su enseñanza con un modelo de oración: empieza con una invocación a Dios como Abba, el modo familiar que tenía Jesús de dirigirse al Padre. A esta invocación sigue una mirada hacia Dios, como un grito de anhelo y esperanza, solicitando que él mismo se manifieste en la historia y su Reino sea acogido por toda la humanidad.

       A esa mirada le sigue una mirada a nuestra realidad con tres peticiones: la primera,  sobre el pan cotidiano, se refiere a aquello que el ser humano necesita para su subsistencia, tanto ahora como en el futuro; con la segunda  se desea recibir  el perdón de Dios  y  se adquiere el compromiso de  otorgar el perdón  de las ofensas recibidas; el último ruego suplica que no desfallezcamos al enfrentarnos con situaciones que pueden hacer peligrar nuestra entrega y confianza en el Padre.

       En la segunda parte, con la parábola y con la enseñanza, Jesús subraya la confianza  absoluta que  deben  tener los  discípulos en la bondad de Dios, que quiere el bien para todos sus hijos y escucha siempre todas sus peticiones. Entre ellas  Jesús nos invita  a pedir  el don del Espíritu Santo, maestro de oración y de vida cristiana.


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