30
JUL
2021

Domingo 18 del Tiempo Ordinario



Jesús sabe que la gente lo busca porque les  ha  dado de comer y han quedado hartos,  pero no han sabido interpretar el verdadero sentido de lo que han visto. Por eso toma la palabra y comienza un largo discurso en el que explica el signo de la multiplicación de los panes y en el que pretende llevar a sus oyentes más allá del pan material e invitarles a buscar el alimento que da la vida eterna.

 

Para ello se sirve de la comparación con el maná, el pan que Israel recibió en el desierto. Provocativamente, Jesús afirma que fue Dios y no Moisés quien les dio el pan verdadero y que es él mismo, el enviado del Padre, quien sustituye a Moisés ofreciendo un pan que “viene del cielo y da la vida al mundo”.

 

A partir del signo de la multiplicación, Jesús va conduciendo su discurso hasta una afirmación fundamental: “Yo soy el pan de la vida”. Jesús, en diálogo, con la gente, sólo les pide una cosa: que crean en aquel que Dios ha enviado. El signo del pan multiplicado nos invita a hacer una opción personal de fe. Sin ella es imposible comprender de verdad el significado de lo que Jesús hace.

 


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