Dos discípulos… Para los discípulos de Emaús, la muerte del Mesías era un sinsentido; cerrados en sus esquemas son incapaces de interpretar lo sucedido; no dan crédito al testimonio de las mujeres; disponen de todos los datos, pero carecen de la fe que les da sentido.
¡Qué necios y torpes…! Por eso Jesús, después de escucharlos con paciencia, les recrimina su torpeza para comprender “lo que dijeron los profetas” y les explica que el plan de Dios tenía que cumplirse. Los ojos de la fe no se han abierto todavía, pero las palabras de Jesús encienden sus corazones y los prepara para el reconocimiento definitivo.
¡Quédate con nosotros…! Jesús, el huésped, hace funciones de anfitrión: toma el pan, lo bendice y lo reparte. Los discípulos reconocen los mismos gestos que el Señor realizó en la Última Cena, reconocen a Jesús en la fracción del pan. Por eso desandan el camino hacia Jerusalén para reencontrarse con la comunidad reunida que habían abandonado. En ella comparten su experiencia y participan del anuncio gozoso de la Pascua: “Es verdad, el Señor ha resucitado”.