18
ABR
2026

3º Domingo de Pascua



    Dos discípulos… Para los discípulos de Emaús, la muerte del Mesías  era un sinsentido;  cerrados  en  sus  esquemas son incapaces de interpretar lo sucedido; no dan crédito al testimonio de las mujeres; disponen de todos los datos, pero carecen de la fe que les da sentido.

           ¡Qué  necios  y  torpes…!  Por eso Jesús,  después  de escucharlos con paciencia, les recrimina su torpeza para comprender “lo que dijeron los profetas” y les explica que el plan de Dios tenía que cumplirse. Los ojos de la fe no se han abierto todavía, pero las palabras de Jesús encienden sus corazones y los prepara para el reconocimiento definitivo.

           ¡Quédate con nosotros…! Jesús, el huésped, hace funciones de anfitrión: toma el pan, lo bendice y lo reparte. Los discípulos reconocen  los  mismos gestos que el Señor realizó  en la Última Cena, reconocen a Jesús en la fracción del pan. Por eso desandan el camino  hacia Jerusalén para reencontrarse con la comunidad reunida que habían abandonado. En ella comparten su experiencia y participan del anuncio gozoso de la Pascua: “Es verdad, el Señor ha resucitado”.


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