Con este pasaje del evangelio completamos el discurso misionero del evangelio de Mateo que iniciábamos el domingo pasado. En él encontramos dos partes: en la primera Jesús pide al discípulo que opte por él y en la segunda Jesús se identifica con la acción misionera del discípulo. La persona de Jesús y su mensaje deben anteponerse a todo. El discípulo debe optar por Jesús y estar dispuesto a compartir su mismo destino. Sólo así el discípulo será "digno de Jesús".
En los últimos versículos Jesús, que había dotado de autoridad a sus enviados, asegura ahora que ellos lo representan: recibir a sus mensajeros es recibirlo a él, y recibirlo a él es recibir al Padre. Y "recibir" es, en este contexto, dar hospitalidad al apóstol y acoger el mensaje de salvación del que es portador.
Entre los discípulos nombra Mateo cuatro grupos de personas: los apóstoles eran los mensajeros del Evangelio; los profetas eran predicadores itinerantes que imitaban la radicalidad de la vida de Jesús y recordaban sus enseñanzas; los justos eran cristianos procedentes del judaísmo que buscaban ser fieles a la ley de Moisés desde las enseñanzas de Jesús; y los pequeños eran creyentes en proceso de maduración en la fe. Así el discurso misionero de Jesús en el evangelio de Mateo no va destinado sólo a los apóstoles, sino a toda la Iglesia: todos tienen la tarea de anunciar el Evangelio; todos tienen la dignidad del enviado.
El que quiera a su padre o a su madre…, ¿Te sientes "digno de Jesús"?, ¿estás dispuesto a cargar con su cruz e identificarte con él?
El que pierda su vida por mí... ¿Sientes que se va gastando tu vida siguiendo los pasos de Jesús?, ¿en qué situaciones concretas cumples esta palabra de Jesús?
El que os recibe... ¿Te sientes "enviado" en tu condición de discípulo?, ¿qué recompensa encuentras en tu fidelidad a la persona de Jesús y a la proclamación de su Evangelio?