03
JUL
2026

14º Domingo de Tiempo Ordinario



           El pasaje del evangelio de hoy tiene tres partes: En la primera (vv. 25-26) encontramos una oración de alabanza, con la que Jesús da gracias al Padre por la revelación a los sencillos. En la segunda parte (v. 27),  Jesús  confiesa  que la capacidad para comprender y revelar los designios de Dios le viene de la relación que lo une al Padre. En  la  tercera parte (vv. 28-30) resuena  como  una  hermosa invitación a los que están “cansados y agobiados” por  los incontables preceptos que escribas y fariseos consideraban necesarios para cumplir la ley de Moisés; a éstos critica Jesús su hipocresía e insolidaridad, pues convertían  “para otros” la ley en un yugo esclavizante y olvidaban lo principal: la justicia, la misericordia y la fe.

           Frente a ellos, Jesús se presenta como el primero en uncirse el yugo que invita a cargar a la gente; él es el modelo de las actitudes que espera encontrar en sus discípulos y por eso les dice: “aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”. Por eso los sencillos  escuchan su voz  y se identifican con sus propuestas, mientras que los “sabios y entendidos”,  encerrados en sus propias razones y llenos de sí mismos, son incapaces de comprender y aceptar su invitación.

             Te doy gracias, Padre…  ¿Sientes  la necesidad  de  dar gracias a Dios?, ¿te sientes parte de la gente sencilla por la que da gracias Jesús?

           Todo me lo ha entregado mi Padre…¿Sientes que todo lo que eres y lo que tienes procede de Dios?, ¿reconoces entre esos bienes la fe, el conocimiento de Dios, la comunión con él?

           Venid a mí…¿eres capaz de acudir a Jesús ante los cansancios y agobios de la vida?, ¿vives la religión con algo agobiante, al estilo fariseo, o encuentras alivio en Jesús?


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