“Si me amáis…” El principio y el final del pasaje insisten en la misma idea: amar a Jesús implica cumplir los mandamientos, hacer su voluntad y acoger lo que él ha revelado.
“Pediré al Padre que os envíe otro Defensor”. Se refiere al Espíritu Santo, que será enviado a los creyentes, cuando Jesús ya no esté presente, para recordar las enseñanzas del Maestro, para interpretarlas en profundidad y para actualizar su sentido. Es llamado “Espíritu de la Verdad”, pues su función es iluminar y hacer comprender la verdad completa. Al igual que Jesús en su vida mortal estará siempre con los discípulos.
“No os dejará desamparados”. El envío del Espíritu Santo no implica la ausencia definitiva de Jesús, pues “volverá” a los suyos. Aquí no se refiere al regreso al final de los tiempos, sino a su presencia actual como Resucitado en medio de la comunidad cristiana; la fe de los discípulos les permitirá seguir “viéndolo” y creyendo que él vive.
“El que acepta mis mandamientos…” La presencia del Resucitado hace posible una nueva relación del creyente con Dios, caracterizada por la cercanía, el amor y la puesta en práctica de su Palabra.