Las enseñanzas de Jesús no pretender abolir la ley, sino llevarla a sus consecuencias más radicales. Según la doctrina de los fariseos, el hombre debía practicar las buenas obras que le hacen justo ante Dios y le alcanzan la salvación. Sin embargo, habían caído en la casuística y en la trampa de los mínimos imprescindibles.
Jesús propone algo más, una vivencia de la ley desde dentro, sin barreras, a fondo… en plenitud. Para ello propone seis antítesis en las que, frente a la letra de la ley, Jesús propone su interpretación y, al final, la clave para entender sus exigencias: "Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto", es decir, vivir con la mirada fija en Dios y sin poner límites al amor.
Hoy leemos las cuatro primeras antítesis: el no matarás se refiere a cualquier ofensa hecha a un hermano y la reconciliación es necesaria para el culto y la relación con Dios; el adulterio empieza en el corazón; el divorcio y las uniones ilegítimas son rechazadas; y el juramento debe ser sustituido por la transparencia en las palabras.